Alma dormida

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Me tendí sobre la hierba entre los troncos

que hoja a hoja desnudaban su belleza.

Dejé el alma que soñase:

volvería a despertar en primavera.

Nuevamente nace el mundo, nuevamente

naces, alma (estabas muerta).

Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:

tú dormías, esperando ser eterna.

Y por mucho que te cante la alta música

de las nubes, y por mucho que te quieran

explicar las criaturas por qué evocan

aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas

hacer tuya tanta vida derramada

(era vida, y tú dormías), ya no llegas

a alcanzar la plenitud de su alegría:

tú dormías cuando todo estaba en vela.

Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro…

(Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)

José Hierro (1922 – 2002)


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